[MY HANDS ARE COLD]
Jeff Wall, Over pass, fotografía sobre caja de luz, 2001 Ya sé que no hay que dar importancia a esas cosas,
pero no aguanto las maletas baratas. Reconozco que es horrible,
pero puedo llegar a odiar a una persona sólo porque lleve una maleta de ésas
D. J. Salinger, El guardian entre el centeno
En los no lugares de la sobremodernidad, tal como los define Marc Augé, no se produce el vacío propio de la escisión entre relato y experiencia que señalaba Michel de Certeau, ya que son precisamente estos mismos relatos los que los crean. En este sentido actúan como entidades puramente discursivas de diverso signo (prescriptivo, prohibitivo o informativo): «Los no lugares reales de la sobremodernidad […] tienen de particular que se definen también por las palabras o los textos que nos proponen: su modo de empleo […] que se expresa según los casos de modo prescriptivo […] prohibitivo […] o informativo». Lo importante del dato, además del giro discursivo con respecto al no-lugar de Certeau, es que el enunciador del texto no es una entidad concreta o física, sino una persona moral o una institución (aeropuerto, compañías de avión, ministerio de transportes, sociedades comerciales, etc.). Ello genera, podríamos añadir desde una perspectiva foucaultiana, que no seamos capaces de identificar el poder que opera en dichos textos. La relación del espectador con el espacio físico opera ahora, por lo tanto, a un nivel puramente textual. A este respecto el autor propone varios ejemplos: la autopista donde nos guiamos por señales, el aeropuerto donde se nos informa de la salida de nuestro vuelo en un panel y se nos guía hacia nuestra puerta de embarque a través de carteles, el supermercado donde se nos indica el precio y la descripción del producto, etc.
Según el autor estos espacios no nos distinguen del resto dado que los textos son indiferenciados. Son, pues, productores de lo que Augé denomina hombre medio en el sentido que ya acuño en relación con el lugar antropológico, es decir, en el sentido de hombre prototipo no diferenciado. Sin embargo, el hombre medio del no lugar no es equivalente al del lugar antropológico. Aquí era el sujeto construía su identidad en función del lugar antropológico que habitaba; el no lugar opera textualmente de forma indiferenciada hacia los sujetos que lo habitan, de manera que es imposible que el sujeto construya algún tipo de identidad en ellos: «Mientras la identidad de unos y otros constituía el lugar antropológico, a través de complicidades del lenguaje, las referencias del paisaje, las reglas no formuladas del saber vivir, el no lugar es el que crea la identidad compartida de los pasajeros, de la clientela o de los conductores […].»
Esta des-identificación contractual que caracteriza al habitante del no lugar no es vivida, según Augé, de manera negativa sino, al contrario, como una liberación de los roles que habitualmente asume. Las alegrías pasivas de la desidentificación, lo denomina el autor. Pero total indiferenciación con el resto de habitantes del no lugar, no crea un vínculo entre ellos ya que no interactúan entre sí. La única relación que tiene el habitante del no lugar es con su texto y, en consecuencia, con las instituciones abstractas que lo enuncian. Es, de nuevo, un sentimiento de soledad equivalente al señalado anteriormente a propósito del no lugar de Certeau, pero la soledad en este caso no está provocada por el exceso de visiones previas y relatos, sino por la confrontación del sujeto con el texto que el no lugar de la sobremodernidad le ofrece. La relación que el individuo establece en estos ámbitos es, pues, puramente en presente. Son, en efecto, lugares donde se vive puramente en el ahora, de ahí que el espacio no acuse ninguna acumulación temporal ni se genere un ámbito histórico. En suma, afirma Augé a este respecto, «es como si el espacio estuviese atrapado por el tiempo, como son no hubiera otra historia más que las noticias del día o de la víspera, como si cada historia individual agotara sus motivos, sus palabras y sus imágenes en el stock inagotable de una inacabable historia del presente.».......................bla, bla, bla....................¡Disfrute de los no lugares de la sobremodernidad! ande por ellos con el carrito y las Sansonite a juego; siéntase orgiásticamente pasivo en su desidentificación; viva en presente y no se piense esquizofrénico (lo cual implica no pensar en F. Jameson), sublime (induzca amnesia a la parte de su cerebro dedicada a Newman) o tenga remordimientos por ello (destruya Ararat de su videoteca); dejesé guiar por esa entidad enunciadora anónima y hágase el apolítico (a la mierda Foucault); flote en el simulacro sin remisión real (y de Deleuze únicamente recuerde lo duro que fue leerlo) Disfrute hasta que el no lugar de la sobremodernidad se rebele contra usted: "Por favor, abra la bolsa de aseo, lleva más líquidos de los permitidos". Acaba de evidenciarse ante una cola impaciente (y cotilla, a qué negarlo) que usted es miope, que odia tanto las gafas sin marca como las maletas baratas, que es heterosexual (y optimista acerca de su viaje), que cree en el ecologismo, que está preocupado por las arrugas y la calvicie (de repente todas las miradas focalizadas en la coronilla), que tiene celulitis (y, lo que es peor, está tan desesperado que cree en la publicidad), que sufre usted de dolores de cabeza, estómago, estreñimiento ocasional, insomio ocasional, depresión crónica...Lo dicho, el no lugar se ha rebelado contra usted, pero aún queda algo: "Por favor, descálcese, es obligatorio"...tiene un agujero en un calcetín y sus pies apestan; es una nimiedad pero ahora mismo siente tanta rabia que sería capaz de matar...
Según el autor estos espacios no nos distinguen del resto dado que los textos son indiferenciados. Son, pues, productores de lo que Augé denomina hombre medio en el sentido que ya acuño en relación con el lugar antropológico, es decir, en el sentido de hombre prototipo no diferenciado. Sin embargo, el hombre medio del no lugar no es equivalente al del lugar antropológico. Aquí era el sujeto construía su identidad en función del lugar antropológico que habitaba; el no lugar opera textualmente de forma indiferenciada hacia los sujetos que lo habitan, de manera que es imposible que el sujeto construya algún tipo de identidad en ellos: «Mientras la identidad de unos y otros constituía el lugar antropológico, a través de complicidades del lenguaje, las referencias del paisaje, las reglas no formuladas del saber vivir, el no lugar es el que crea la identidad compartida de los pasajeros, de la clientela o de los conductores […].»
Esta des-identificación contractual que caracteriza al habitante del no lugar no es vivida, según Augé, de manera negativa sino, al contrario, como una liberación de los roles que habitualmente asume. Las alegrías pasivas de la desidentificación, lo denomina el autor. Pero total indiferenciación con el resto de habitantes del no lugar, no crea un vínculo entre ellos ya que no interactúan entre sí. La única relación que tiene el habitante del no lugar es con su texto y, en consecuencia, con las instituciones abstractas que lo enuncian. Es, de nuevo, un sentimiento de soledad equivalente al señalado anteriormente a propósito del no lugar de Certeau, pero la soledad en este caso no está provocada por el exceso de visiones previas y relatos, sino por la confrontación del sujeto con el texto que el no lugar de la sobremodernidad le ofrece. La relación que el individuo establece en estos ámbitos es, pues, puramente en presente. Son, en efecto, lugares donde se vive puramente en el ahora, de ahí que el espacio no acuse ninguna acumulación temporal ni se genere un ámbito histórico. En suma, afirma Augé a este respecto, «es como si el espacio estuviese atrapado por el tiempo, como son no hubiera otra historia más que las noticias del día o de la víspera, como si cada historia individual agotara sus motivos, sus palabras y sus imágenes en el stock inagotable de una inacabable historia del presente.».......................bla, bla, bla....................¡Disfrute de los no lugares de la sobremodernidad! ande por ellos con el carrito y las Sansonite a juego; siéntase orgiásticamente pasivo en su desidentificación; viva en presente y no se piense esquizofrénico (lo cual implica no pensar en F. Jameson), sublime (induzca amnesia a la parte de su cerebro dedicada a Newman) o tenga remordimientos por ello (destruya Ararat de su videoteca); dejesé guiar por esa entidad enunciadora anónima y hágase el apolítico (a la mierda Foucault); flote en el simulacro sin remisión real (y de Deleuze únicamente recuerde lo duro que fue leerlo) Disfrute hasta que el no lugar de la sobremodernidad se rebele contra usted: "Por favor, abra la bolsa de aseo, lleva más líquidos de los permitidos". Acaba de evidenciarse ante una cola impaciente (y cotilla, a qué negarlo) que usted es miope, que odia tanto las gafas sin marca como las maletas baratas, que es heterosexual (y optimista acerca de su viaje), que cree en el ecologismo, que está preocupado por las arrugas y la calvicie (de repente todas las miradas focalizadas en la coronilla), que tiene celulitis (y, lo que es peor, está tan desesperado que cree en la publicidad), que sufre usted de dolores de cabeza, estómago, estreñimiento ocasional, insomio ocasional, depresión crónica...Lo dicho, el no lugar se ha rebelado contra usted, pero aún queda algo: "Por favor, descálcese, es obligatorio"...tiene un agujero en un calcetín y sus pies apestan; es una nimiedad pero ahora mismo siente tanta rabia que sería capaz de matar...
Para Rhinslumber, por la intimidad en los lugares antropológicos de la sobremodernidad (los bares)
Human, The Killers, 2008
3 comentarios:
Apenas recojo los coleópteros sobrantes de la sabiduría post eliotiana y me encuentro con este magnífico texto, no me he enterado de mucho claro, pero te puedo asegurar que es uno de los mejores regalos de reyes, o de papá noel, u otra de estas polladas o no tiempos que nos brinda nuestra amable sociedad. Por cierto, te olvidas de un gran no lugar antropológico, las sillas de anayita, cremallera mojada.
Te aseguro que tragué saliva. Ganas me dan de irme a vivir a la cafetería de un aeropuerto
¿Aludido?
Claro, todos me conocen en Salamanca por mi afición al whisky. Jameson es uno, y además uno de mis favoritos. Claro que me doy por aludido. ¿o usted habla acaso de otro Jameson?
Srta. Pilar. Odio los controles de seguridad. Y más cuando llevo mi sombrero de cow-boy [infórmese en las nubes a este respecto], porque por muy caros que sean, también tienen que pasar por el tubito de análisis.
¿Irreverente? No sé me moleste usted, pero es que yo como los aludidos previos me pierdo entre tantas tendencias y nombres.
¡Ah! A todos los físicos nos gustaría escribir una fórmula que llevara nuestro nombre, tener nuestro propio teorema. Supongo que como eso es imposible, nos conformamos con criticar las ideas de nuestros colegas en los seminarios. ¿Me entiende? Supongo que sí, esa voracidad la intuyo presente en todos los ambientes académicos. Tiene más que ver con las personas que con el propio conocimiento, ¿no?
Así, que yo, físico y de ambiente académico me limito a rellenar líneas y líneas de comentario sin decir nada. Soy como esos que levantar la mano para hacer una pregunta y acaban contando su vida. Soy detestable.
Perdóneme, señorita Pilar. Pero fuera de lo que hasta ahora he hecho, poco puedo hacer. Me cuesta seguirla. No obstante le diré, que si me desprendo de mi careta de físico y le hablo al natural, como Dr. Flasche [no flash… :P], hombre, soñador, pseudo-pensador, puedo añadir:
Me pareció entender lo de la soledad. La canción me gustó mucho. Y creo, sólo creo, haber vivido "Las alegrías pasivas de la desidentificación". Imprimiré el texto y me lo leeré en un de mis viajes diarios. Quiero entenderlo bien.
Un saludo con olor a Jameson,
Dr. Flasche
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