Alfred Wertheimer, Elvis Listens to a Quick Cut (1956)The road to excess leads to the palace of wisdom...
for we never know what is enough until we know what is more than enough
William Blake
Estoy leyendo la Poética de Aristóteles, me encanta; pero su fascinación no deriva de su condición de pieza capital de Historia de las teorías literarias, sino de un carácter preceptivo que poco tiene que envidiar al manual de instrucciones de mi televisor LG pantalla plana de 60¨. En realidad, aún no he abierto éste último, lo cual es indicativo de que a estas alturas estoy más preparada para crear una tragedia griega con su estásimo y todo que lograr programar el dichoso televisor LG pantalla plana de 60¨. Paradojas de la trasmodernidad. Pero volvamos al tema: Capítulo XIV de la Poética. Y dice aquí Aristóteles que el elemento fundamental del argumento trágico ha de ser la hamartía, el fallo que incoscientemente comete el héroe. Éste, como todo hijo de vecino, vive feliz en su ignorancia hasta que ¡horror! llega el reconocimiento a la estructura de la Tragedia y nuestro protagonista toma conciencia de aquel traspiés que en Edipo implicaba la nimiedad de haber matado a su padre. La desgracia se desploma sobre él. En la línea prescriptiva antes apuntada, continúa Aristóteles diciendo que es necesario que el protagonista no aparezca como el malo malérrimo de la película y que, para ello, se subraye la idea de que si actuó mal no fue por ser una sanguijuela, sino por ignorancia pura y dura. En definitiva, se propone que pertenezca a ese tipo de hombres ni buenos ni malos, situados en el limbo moral más absolutos. Sólo así, concluye Aristóteles, el espectador se identificará por el personaje y sentirá compasión por él (al fin y al cabo, quien no haya cometido fraticidio por desconocimiento que tire la primera piedra); sólo así no caerá en la tentación de pensar que bien merecido le estuvo el castigo divino.
Pero las palabras, repito, me rechinan, porque consciente o inconscientemente, el error es error al fin y al cabo y éste siempre tiene un precio. Seamos víctimas de nosotros mismos y pagemos nuestras faltas con la castátrofe, la culpa y el odio ajeno.
Si hemos de ser héroes, que lo somos, seámoslo hasta las últimas consecuencias. Que nadie se compadezca, jamás, de nosotros.
Tulsa, Estúpida
Para Se. por las palabras no escritas
4 comentarios:
No se muy bien de qué va el post. Los errores tejen nuestra vida, no hay pago ni factura.
me encantó Pili.
fijate que tu link a mi sitio está mal tipeado
besos desde Bolivia
a mí lo que me sorprende es que se presciban estas cosas. Y que se redacten manifiestos literarios. En fin, seré rarito.
A mí lo que me pasa es que el tal Aristóteles lo tengo un poco atravesado...
Platón, platón sí que sabía, Aristóteles a su lado es la vergüenza de la Almunia de doña Godina, y yo, bueno, yo soy un tipo que no sabe filosfía ni literatura...
¿me habilita eso para errar?
Yo creo que no...que está más en mi condición de humano, como lo está igual tratar de no repetir los errores, aprender de ellos y otras más cosas...
un saludo!
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