
La vanguardia literaria y artística se beneficia, desde finales del siglo XIX, de un prejuicio favorable basado en el recuerdo de los «errores» de percepción y de valoración de los críticos y de los públicos del pasado. El fracaso siempre puede buscar algún tipo de justificación en las instituciones […] como la noción de «artista maldito» que confiere una existencia reconocida al desfase real o presumible entre el éxito temporal y el valor artístico; y más extensamente, el hecho de que los agentes o las instancias que son designadas para juzgar y consagrar estén a su vez luchando por la consagración, por lo tanto sean relativizables y discutibles, proporciona un apoyo objetivo a la labor de la mala fe gracias a cual los pintores sin clientela o los escritores sin publicaciones y sin público pueden ocultarse su fracaso jugando con la ambigüedad de los criterios del éxito que permite confundir el fracaso electivo y provisional del «artista maldito» con el fracaso a secas del «fracasado».
Bourdieu, Pierre, «El punto de vista del autor. Algunas propiedades generales de los campos de producción cultural», Las reglas del arte, Madrid, Anagrama, 1995.
Los peces no pueden valorar a R. Mapplethorpe
Por PILAR SÁNCHEZ GÓMEZ
Hoy en un seminario, hablábamos sobre la mitología que existe en torno a la figura del creador como ser paratópico, como entidad que se mueve permanentemente en los márgenes del sistema normativo: el clásico enfant terrible. Lo que planteábamos es cómo dicha imagen se ha convertido, paradójicamente, en el mecanismo utilizado por muchos artistas para promocionarse y terminar engrosando las filas del más puro stablishment. No voy a entrar ahora a analizar los motivos por el que esto se produce, pues para eso ya tenemos al magnífico Pierre Bourdieu (Las reglas del arte). El caso es que a propósito del tema se nos presentaba una imagen del fotógrafo R. Mapplethorpe, donde éste se retrataba a sí mismo como el pervertido homosexual más malo de la comarca; la viva imagen de lo paratópico. Este autorretrato suscitaba un debate no sobre los mecanismos del mercado, sino sobre el hartazgo provocado por los artistas homosexuales con sus continuas referencias sexuales. Para mis compañeros, la genitalidad y las parafilias de Catherine Opie, Risk Hazekamp, Álex Francés o Erwin Olaf son un medio de provocación, un recurso fácil para añadir ceros a la cuenta bancaria. Por desgracia yo no opino lo mismo. Muchas de estas mujeres y hombres produjeron sus trabajos en un momento en que la sociedad los demonizaba o, lo que es peor, los invisibilizaba. Estaban cansados de ver por prensa y televisión imágenes de homosexuales muriéndose de sida, de aparecer permanentemente envueltos del ambiente de depravación de los cuartos oscuros. Quizás su sexualidad y su deseo no fuesen normativos, pero ello no quería decir que no fuesen válidos, así que trataron de mostrárselos al mundo revestidos de esa perfección formal que tan bien supo retratar Mapplethorpe. No era una estrategia de marketing, era un manifiesto político. El problema es que estas prácticas artísticas se observan ahora desde una óptica retrospectiva, en la que todo parece superado. Parece que nos hemos olvidado de que en España, sin ir más lejos, la visibilidad homo es un invento reciente de los partidos de izquierda (les recuerdo que antes de ayer, cuando Freddy Mercury murió, en España no teníamos ni idea de lo que era el sida). Así que, por favor, compañeros y compañeras del siglo XXI despertemos de la amnesia ideológico-cultural y no nos hagamos los superados. «Recuérdalo tú y recuérdalo a otros» decían unos versos del poeta Luis Cernuda (muy al caso, por cierto)
Por PILAR SÁNCHEZ GÓMEZ
publicado en El Adelanto, 18/ 12/ 2009
3 comentarios:
Hola Pil, cuáaaanto tiempo! Uf, que duro el texto de Bordieu. Veo que ahí andas, en las aguas turbias que te caracterizan. Un abrazo.
Hola, Pablo,
Sí, es cierto, cuánto tiempo que no dejabas por aquí tu rastro indicial (aunque sea en digital :) Pues el texto de Bourdie es duro, sí, pero dice cosas interesantísimas, sobre todo en relación con las estructuras en las que el autor/artista está incrito. Sus reflexiones sobre el artista maldito son, simplemente fantásticas. Recomendable.`
Madre mía, qué degeneración profesional: esto parece una reseña!
Me alegro que me visites. Un beso!
http://es.wikipedia.org/wiki/El_extranjero
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