sábado, 25 de octubre de 2008

ESTÁ BIEN BESAR UNA MESA

(PERO SÓLO DE VEZ EN CUANDO)

Candida Höfer, Neue Nationalgalerie Berlin VIII, 2002

Cuando en el mundo aparece un verdadero genio,
puede identificársele por este signo:
todos los necios se conjuran contra él.
"Thoughts on various subjects, moral and diverting"
Johnathan Swift

He de reconocer que esta mañana andaba dispersa en mis lecturas. Aún así, he logrado reunir cuatro o cinco granitos de dispersión y reunir concentración suficiente para terminar de leer el capítulo "La crítica realista" (perteneciente a Crítica de la crítica), donde Todorov transcribe la correspondencia mantenida con Ian Watt: especialista de la obra de Joseph Conrad y crítico literario. Esta etiqueta le resulta a Watt, tal como él mismo señala dentro de la carta a Todorov, un par de tallas más grande; no se considera un crítico al uso, debido a su distanciamiento con la rígida metodología teórica con que los críticos literarios abordan sus escritos. Watt practica un tipo de crítica que él mismo, tomando la expresión de I. A. Richards ha denominado crítica práctica, donde, de alguna forma, rechaza ese rigor teórico antes señalado y aboga, por contra, por una metodología más perceptiva (cabeza de turco de cualquier corriente crítica actual que se precie, por cierto). En efecto, habla de intuición, no de conceptos: Estoy más bien al lado de Samuel Johnson, que rechazaba la hipocresía de aquellos que enjuician según principios más que por percepción. Por último, postula una concepción de la crítica llana, por decirlo de alguna manera, y alejada de valoraciones pretenciosas por parte del crítico. Debe hablar, en definitiva, de literatura y no del la moral del autor de la crítica. En la carta que Watt escribe a Todorov, aparece un fragmento que recoge esta concepcion de la crítica literaria y que no puedo resistir a transcribir aquí:

Siempre he sentido que mi actitud con respecto de la literatura y al contexto institucional con el cual coexiste, era mucho más sencilla, mucho más intuitiva y mucho menos susceptible de discursión o de formulación teórica que la actitud de la mayoría de mis colegas. [...] Recuerdo más particularmente un artículo de periódico acerca de una charla de Ponge, titulada "Tentativa oral". Esta tentativa, evocaba elegantemente su desaprobación de las hipérboles corrientes a propósito de la literatura, su hastío frente a las propuestas teóricas generales; decía también cómo en cus propios escritos, encontrándose en la imposibilidad de traducir en palabras los grandes temas literarios, había decidido, en cambio, como un hombre al borde del precipicio, atar su mirada al objeto inmediato, el arbol, la barandilla, el paso siguiente, y tratar de ponerlo en palabras. Era una maravillosa anticonferencia, sobre todo su final. [...] Concluyó: "¡Querida mesa, adiós!". Al decirlo, Ponge se inclinó sobre su mesa y la besó; luego explicó: "Vean ustedes cuánto la quiero, es que nada en ella permite creer que pueda tomarse por un piano."

Saben bien los que me conocen que carezco de este tipo de crítica práctica por la que Watt aboga; Soy teórica y me dedico a esto de las artes, que otra cosa no, pero pragmáticas, tampoco. Aún así, no dejo de reconocer que está bien besar una mesa de vez en cuando.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

¿Crees que los pianos también se conjurarán contra una mesa cuando descubran que ésta es hermosa e inconfundible? ¿O será sólo cosa de los humanos?

Me gusta tu blog, sinceramente. Y compartimos gustos musicales.

Un placer

Luna Miguel dijo...

sobre todo si la mesa es bonita y suave.