La fantasía es una actividad de la imaginación más que del intelecto,
pero es en parte, necesariamente, una actividad intelectual.
T. S. Eliot
¿Quién quiere barbas pudiendo tener antenas? El problema es que yo quiero barbas, pero no de esas postizas que crecen sobre su propia indecisión, sino aquellas que se revelan en toda su afirmación física de ser. Quiero barbas, siempre las quise, pero también antenas, siempre quiero antenas. El problema es que, últimamente, no recibo señal alguna. He consultado a mi servidor: el problema es la lluvia y el carácter alusivo de mis eseemeeses. Tiene razón en lo segundo, no se puede escribir The Waste Land por semejante vía ni creerse T. S. Eliot en la cotidianidad y a deshoras, pero ¿y lo primero? Miro por la ventana a fin de verificar mis impresiones (siempre he sido un poco positivista): definitivamente no llueve. El servidor se ha vuelto a equivocar ¿o igual es que he pasado demasiado tiempo bajo el agua desinfecta? Nadie sabe. No importa, mi deseo está escrito en triángulos obtusos (aunque, como el del poeta, me hubiera gustado más en dodecaedros salvajes): en barbas, antenas y, mi último descubrimiento, cables. Estoy obsesionada con ellos, tanto, que incluso los veo en sueños con la arteria cubital sobresaliente (mi fetiche femenino favorito), llenos de tiza y recitando apasionadamente a González Iglesias: El único lugar donde puedo decir mi absoluto/desinterés por todas las cosas de este mundo/es aquí. Estoy soñando, puedo esperar (siempre se puede) antes o después vendrá Eliot: Te mostraré el miedo en un puñado de polvo.
¿Quién quiere barbas pudiendo tener antenas? El problema es que yo quiero barbas, pero no de esas postizas que crecen sobre su propia indecisión, sino aquellas que se revelan en toda su afirmación física de ser. Quiero barbas, siempre las quise, pero también antenas, siempre quiero antenas. El problema es que, últimamente, no recibo señal alguna. He consultado a mi servidor: el problema es la lluvia y el carácter alusivo de mis eseemeeses. Tiene razón en lo segundo, no se puede escribir The Waste Land por semejante vía ni creerse T. S. Eliot en la cotidianidad y a deshoras, pero ¿y lo primero? Miro por la ventana a fin de verificar mis impresiones (siempre he sido un poco positivista): definitivamente no llueve. El servidor se ha vuelto a equivocar ¿o igual es que he pasado demasiado tiempo bajo el agua desinfecta? Nadie sabe. No importa, mi deseo está escrito en triángulos obtusos (aunque, como el del poeta, me hubiera gustado más en dodecaedros salvajes): en barbas, antenas y, mi último descubrimiento, cables. Estoy obsesionada con ellos, tanto, que incluso los veo en sueños con la arteria cubital sobresaliente (mi fetiche femenino favorito), llenos de tiza y recitando apasionadamente a González Iglesias: El único lugar donde puedo decir mi absoluto/desinterés por todas las cosas de este mundo/es aquí. Estoy soñando, puedo esperar (siempre se puede) antes o después vendrá Eliot: Te mostraré el miedo en un puñado de polvo.
11 A. M., Incubus
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4 comentarios:
Amour por eliot.
Vienes a Mandril?
El problema no es que te vayan a enseñar al miedo en un puñado de polvo, sino que como te decía, la añoranza trascendental se vuelve relámpago de luz asediada, justo como Tristán aguarda vislumbra la lejanía de su amada llegando ya demasiado tarde.
(Od' und leer das Meer.)
Ahí va el poema de Stevens por si no lo has encontrado...
http://www.poemhunter.com/poem/domination-of-black/
Me encanta esa canción!
Muchas gracias por el comentario, por la referencia a Stevens (que me llega aún en otoño) y por la conversación improvisada...
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