domingo, 23 de noviembre de 2008

EL ÚNICO LUGAR DONDE PUEDO DECIR MI ABSOLUTO DESINTERÉS PARTE II

(O PORQUÉ LOS DOMINGOS MATAN MÁS GENTE QUE LAS BOMBAS)


John Baldessari, The Artist is Not Merely The Slavish Announcer of a Series of Facts Which in This Case The Camera Has Had To Accept and Mechanically Record, 1066-1968


«No estoy seguro de saber qué es el arte y, sin lugar a dudas, no creo en las cosas que veo expuestas en galerías o museos. No tengo ningún tipo de fe en las cosas que generalmente llamamos arte. […] No pienso en el arte, ni siquiera pienso que lo que hago pueda ser arte. Es más bien un proceso de reflexión sobre el mundo en que vivo y de complicar más este mundo, y de introducir preguntas en lo que llamamos realidad.»
Kendell Geers

Estoy leyendo Esculpir en el tiempo, donde Andrei Tarkovski materializa sus reflexiones cinematográficas. Las concepciones del director ruso acerca del arte como experiencia poética y la del creador como entidad superior, han despertado mi propia concepción cínica (o quizás sólo pragmática) sobre el arte con una violencia inusual. "La determinación funcional del arte no se da en despertar sentimientos, transmitir ideas o servir de ejemplo. La finalidad del arte consiste más bien en preparar al hombre para la muerte, conmoverle en su interiodad más profunda" (Tarkovski, 2004, 66). Por Dios, como diría Houellebeq, dejémonos de chorradas a estas alturas de la vida (o bajuras, según se mire). Sea como sea, la referencia al escritor francés no es casual, porque mi antes referida concepción artística ha terminado por infestar mi propia visión cínica del mundo de las 16.06 p. m. y he terminado (re)leyendo a Houellebecq:

No me gusta este mundo. Definitivamente no me gusta. La sociedad en la que vivo me disgusta; la publicidad me asquea; la información me hace vomitar. Todo mi trabajo informático consiste en multiplicar las referencias, los recortes, los criterios de decisión racional. No tiene ningún sentido. Hablando claro: es más bien negativo; un estorbo inútil para las neuronas. A este mundo le falta de todo, salvo información suplementaria. Llegada a París, tan siniestro como siempre. Los edificios leprosos del puente Cardinet, dentro de los cuales uno se imagina, indefectiblemente, a los jubilados agonizando junto a su gato Poucette que devora la mitad de su pensión en croquetas Friskies. Esa especie de estructuras metálicas que se superponen hasta la indecencia para formar una red catenaria. Y la publicad que vuelve, inevitablemente, repugnante y abigarrada. Un bello y cambiante espectáculo sobre los muros. Chorradas. Chorradas de mierda. (Ampliación del campo de batalla)

Pero no me malinterpreten ni confundan negatividad con praxis o conciencia crítica. Cierto es que la metodología de abordaje podría haber sido distinta, podría haber postulado por un posicionamiento irónico (por cierto, uno de mis favoritos), pero es domingo y no estoy para esos distanciamientos que necesariamente requiere el ejercicio irónico. Hasta Ángel González, el poeta más irónico que conozco (y más lúcido también acerca del ejercicio creativo) terminó su particular homenaje A la poesía con una larga y negra carcajada. Seguro que también era domingo.


6 comentarios:

Nano dijo...

Me gustan los domingos en los que se acaba el mundo y la arrogancia me hace distanciarme del gris que me rodea. Lo irónico es que suelo ser mucho más gris que mi sombra, también algo más gris que la sombra de casi todos los objetos animados y especialmente negruzco cuando me comparo con las personas inanimadas. Sobre todo los domingos en los que se acaba el mundo.
Bendito sea Ángel González...

Nano dijo...

Te he robado la cita de Houellebecq para un poema. La inspiración escasea y toda ayuda es poca.

Anónimo dijo...

Chorradas, chorradas y bajezas en lo más profundo de la carne, donde machaca el neón y donde comen los moteros sus ojarascas de findus, Pilar, agresivo tótem de distraida mirada, deja al tedio en su morada y acércame esa cerveza que tu guardas, edulcurada.
No viniste al concierto, fluyes, dulcemente a través del tormes. Las ninfas nunca estuvieron, aquí.

Pillar dijo...

Estimado anónimo,
los moteros han dejado de comer sus hojarascas (el frío salmantino asusta a los prosaicos). Póngase en contacto conmigo por mail. Tengo un asunto que comentarle.

Pablo S. dijo...

Hola pil.art(eorica)¿puedo nombrarte en otro idioma? desde mi abyecto jardín he seguido tu ejemplo y me he estrenado un nombre (homenaje al final del libro de houellebecq) con el fin de huir de la maraña del autolustre. (De todos modos, el clan que nos define ahí anda. Qué decir que no se halla dicho ya sobre tan vetusto y singular apellido. Espero que hoy, siendo miercoles, la visión irónica de las cosas vuele, como esta brisa maravillosa de verano que nos acaricia el rostro.

Besos

Pablo S. dijo...

Uf, que bochorno. quería decir "haya". Además pensé que me había puesto otro nombre. Este, este es el homenaje al gran final de la ampliación del campo de batalla. Por cierto, ¿quedó bien el salón?

Besos, ensayista. Síguenos deleitando.